EMPRENDER PARA CUIDAR LA VIDA: mujeres, sostenibilidad e innovación desde los territorios
El 13 de agosto del 2026, en colaboración con Turistech, la Red de Mujeres y Sostenibilidad y actores del ecosistema académico latinoamericano, nos reunimos para entrelazar distintas experiencias alrededor de una pregunta fundamental: ¿es posible emprender mientras cuidamos la vida y el territorio?
La conversación nos llevó por caminos que conectan la gobernanza territorial, el liderazgo femenino, los saberes locales, la movilidad sostenible y las redes de apoyo. También nos recordó que, detrás de cada emprendimiento, hay una historia personal, una comunidad y una forma particular de comprender el mundo que merece ser escuchada.
Hacer visible lo que sostiene la vida
Antes de hablar de emprendimientos, necesitamos detenernos en una realidad que continúa condicionando las oportunidades de miles de mujeres latinoamericanas: gran parte de su trabajo, sus conocimientos y sus aportes a la economía y al bienestar de sus comunidades permanecen invisibilizados.
Durante la apertura del encuentro, Rocío Rojas, fundadora de Turistech y de la red de mujeres en innovación territorial Reding Tour, compartió algunos de los hallazgos de una investigación sobre el impacto de la COVID-19 en la economía informal del turismo en Perú y Chile, liderada por la investigadora Rosa Codina, de la Universidad Oxford Brookes.
Entre los aspectos destacados se encuentra una paradoja: aunque las mujeres representan una proporción importante de quienes participan en la actividad turística peruana, su presencia no se traduce necesariamente en una participación equivalente en los espacios de gobernanza y toma de decisiones.
La falta de datos desagregados por sexo, la informalidad laboral, las dificultades de acceso a la protección social y la distribución desigual de los cuidados contribuyen a perpetuar estas brechas. Durante la pandemia, muchas mujeres vieron desplomarse sus ingresos mientras aumentaban sus responsabilidades domésticas y de cuidado. Al mismo tiempo, el cierre de ferias y otros espacios de comercialización debilitó redes fundamentales para sostener sus actividades económicas.
No se trata únicamente de dificultades individuales. Son barreras estructurales que nos invitan a repensar cómo diseñamos las políticas públicas, los programas de desarrollo y las herramientas de participación territorial.
Si queremos construir territorios más sostenibles, necesitamos que las mujeres participen desde el inicio en las decisiones que afectan sus vidas. Esto significa avanzar hacia modelos de gobernanza más colaborativos, fortalecer los canales de comercialización directa, reconocer los saberes tradicionales y crear condiciones para que emprender no implique asumir todavía más cargas de trabajo y cuidado.
No podemos construir un desarrollo sostenible dejando por fuera a quienes sostienen buena parte de la vida cotidiana.
Imaginar futuros desde una perspectiva ecofeminista (27:01)
Uno de los procesos compartidos durante la sesión fue el desarrollo de talleres de prospectiva ecofeminista con mujeres de distintos territorios latinoamericanos.
La prospectiva permite explorar escenarios futuros y reflexionar sobre las decisiones que pueden acercarnos a ellos. Incorporar una perspectiva ecofeminista significa situar en el centro la equidad de género, la sostenibilidad de la vida y el equilibrio con la naturaleza.
En estos espacios participaron mujeres rurales, urbanas e indígenas que compartieron sueños, inquietudes y propuestas para imaginar otras formas de habitar los territorios. El juego, el arte y la poesía también tuvieron un lugar, recordándonos que la construcción colectiva de futuros necesita tanto de la reflexión como de la imaginación.
El proceso tuvo un encuentro presencial en la COP16 de biodiversidad, celebrada en Cali, Colombia, donde más de cien personas participaron en una jornada para imaginar futuros posibles.
De aquellas conversaciones emergieron asuntos fundamentales: el papel de las mujeres en la conservación de los ecosistemas, el reconocimiento de sus conocimientos y la necesidad de garantizar el acceso, el uso y la tenencia de la tierra para las mujeres rurales.
Porque soñar otros futuros también implica reconocer las desigualdades del presente y asumir el compromiso de transformarlas.
Emprendimientos que transforman desde lo cotidiano (33:16)
Si las redes nos permiten imaginar futuros diferentes, los emprendimientos sostenibles nos muestran cómo comenzar a construirlos.
Durante el encuentro se compartieron experiencias que, desde contextos distintos, demuestran que las iniciativas económicas pueden convertirse en herramientas para fortalecer comunidades, proteger el ambiente y generar autonomía para las mujeres.
En Cuba, por ejemplo, el proyecto Copas para Cuba nació de conversaciones sobre los residuos y las acciones cotidianas que podemos realizar para cuidar el medio ambiente. A partir de allí, sus impulsoras comenzaron a trabajar con las copas menstruales y a organizar talleres para hablar de sostenibilidad, menstruación y conocimiento del propio cuerpo.
Estos espacios no se limitan a promover un producto. Buscan construir comunidad, abrir conversaciones que todavía están rodeadas de tabúes y facilitar el acceso a alternativas que pueden contribuir a reducir residuos.
En San Basilio de Palenque, Colombia, otra experiencia pone en valor el vínculo entre autonomía económica, identidad cultural y liderazgo femenino. Allí, las iniciativas comunitarias impulsadas por mujeres buscan sostener las tradiciones afrocolombianas y, al mismo tiempo, generar oportunidades económicas.
La imagen de la mujer palenquera con su palangana sobre la cabeza es un símbolo de esa historia de trabajo, independencia y libertad. Reconocer el valor de estas iniciativas significa comprender que la sostenibilidad también tiene una dimensión cultural: preservar los saberes, fortalecer la identidad y crear condiciones para que las comunidades puedan vivir dignamente de sus propios proyectos.
Ambas experiencias nos recuerdan que no existe una única forma de emprender sosteniblemente. Cada territorio tiene sus particularidades, sus recursos y sus desafíos. Lo importante es que las soluciones nazcan de una comprensión profunda de esas realidades y de las personas que las habitan.
Zona Bici: cuando el territorio se convierte en inspiración (0:52)
Una de las experiencias centrales del encuentro fue la presentada por Ana María Henao, fundadora de Zona Bici, una empresa de turismo sostenible, educación y dinamización territorial ubicada en La Ceja del Tambo, Antioquia, Colombia.
Su historia comienza con una mirada atenta hacia aquello que forma parte de la vida cotidiana de su municipio: las bicicletas, los cultivos de flores y las relaciones que se han construido alrededor de estas actividades durante décadas.
La Ceja cuenta con una tradición de más de ochenta años de uso de la bicicleta y una trayectoria de alrededor de cincuenta años vinculada a la floricultura de exportación. Para Ana María, estas características no eran simplemente parte del paisaje. Eran una oportunidad para reconocer el valor de la identidad local y convertirla en una propuesta capaz de generar nuevas posibilidades para su comunidad.
Así nació Zona Bici hace catorce años, con el propósito de motivar transformaciones personales y organizacionales para el cuidado de la vida.
Una de sus iniciativas es Entre Flores y Montañas, una experiencia turística que conecta a visitantes con la cultura floricultora de exportación a través de un recorrido en bicicleta por un cultivo de flores. La propuesta permite conocer una actividad económica fundamental para la región desde otra perspectiva: la de su historia, sus trabajadores, sus tradiciones y su relación con el territorio.
Pero Zona Bici no se limita al turismo. También desarrolla iniciativas educativas relacionadas con la movilidad sostenible, segura y saludable, y proyectos de sensibilización dirigidos a niñas, niños y comunidades educativas.
Durante la pandemia, por ejemplo, creó Anacleta cuida la vida, una serie audiovisual animada de ocho capítulos que llegó a cerca de seis mil estudiantes de zonas rurales del oriente antioqueño mediante actividades virtuales y WhatsApp. La propuesta abordaba el cuidado de uno mismo, la familia, la comunidad y el planeta.
La bicicleta se convirtió así en mucho más que un medio de transporte: una herramienta pedagógica, un vínculo con la identidad local y una forma de abrir conversaciones sobre cómo queremos vivir.
El trabajo colectivo alrededor de estas tradiciones también contribuyó a dar mayor reconocimiento a la bicicleta en las fiestas del municipio, que desde 2015 incorporaron en su nombre a las bicicletas junto con los toldos y las flores.
Los territorios tienen un valor que no siempre alcanzamos a reconocer porque estamos demasiado acostumbradas a verlos todos los días.
Siete aprendizajes de la bicicleta para emprender y liderar
Ana María compartió varios aprendizajes que ha construido a lo largo de su recorrido con Zona Bici, utilizando la bicicleta como metáfora para comprender los desafíos del emprendimiento.
Mirar al frente sin perder la visión periférica. Tener una visión de futuro es importante, pero también lo es mantener la atención sobre las personas, el entorno y aquello que da sentido al proyecto.
Tomar el manubrio. La bicicleta representa autonomía y libertad de movimiento. Para las mujeres emprendedoras, también puede simbolizar la capacidad de tomar decisiones y construir su propio rumbo.
Superar la inercia. Los comienzos requieren un esfuerzo adicional. Reconocerlo nos permite prepararnos para los momentos difíciles sin interpretar cada obstáculo como un fracaso.
Cambiar de marcha. No todo se resuelve haciendo más fuerza. A veces necesitamos ajustar la estrategia, cambiar el ritmo o buscar nuevas maneras de avanzar.
Encontrar una cadencia consciente. La sostenibilidad también implica evitar la prisa permanente. Un proyecto necesita avanzar a un ritmo que permita cuidar a quienes lo hacen posible.
Reconocer la fuerza del pelotón. Ninguna persona tiene que recorrer todo el camino en solitario. Las redes de apoyo, la colaboración y las alianzas permiten compartir esfuerzos y sostener los proyectos.
Practicar el mantenimiento preventivo. El cuidado propio y colectivo no puede ser una tarea secundaria. Necesitamos incorporarlo en la gestión cotidiana para poder continuar desarrollando nuestros propósitos.
A estos aprendizajes se suman las enseñanzas de las flores. Todo proyecto necesita un sustrato adecuado: capacidades, habilidades y relaciones que permitan que una idea crezca. También requiere cuidado constante y, en determinados momentos, podas.
Podar significa reconocer qué procesos ya no funcionan, qué hábitos nos limitan o qué necesitamos transformar para continuar creciendo. No siempre es sencillo soltar aquello en lo que hemos invertido tiempo y energía, pero la poda también puede convertirse en una oportunidad para nutrir nuevas etapas.
El paisaje es también nuestra mirada
Al reflexionar sobre su experiencia, Ana María retomó una idea del geógrafo Eduardo Martínez de Pisón: el paisaje es la mirada.
Un territorio no es solamente un lugar físico. También es la manera en que lo observamos, lo interpretamos y nos relacionamos con él.
Cuando aprendemos a reconocer el valor de lo cotidiano, aparecen nuevas posibilidades para crear iniciativas que respondan a las necesidades locales sin perder de vista la identidad y la historia de las comunidades.
Zona Bici demuestra cómo una tradición puede convertirse en una propuesta turística, educativa y cultural que genera oportunidades económicas y contribuye a fortalecer el sentido de pertenencia.
Según los registros compartidos por Ana María durante el encuentro, las actividades turísticas y formativas de la empresa habían llegado a más de doce mil personas.
Detrás de esta cifra hay una idea que merece ser destacada: la innovación territorial no siempre comienza con grandes inversiones o tecnologías complejas. También puede surgir de una observación cuidadosa, del conocimiento acumulado por una comunidad y de la voluntad de convertir ese potencial en una oportunidad compartida.
La innovación nace cuando dejamos de caminar solas
Al escuchar estas experiencias, encontramos un hilo común: la transformación de los territorios requiere algo más que buenas ideas. Necesita colaboración, reconocimiento de los saberes locales, condiciones dignas para emprender y espacios donde las mujeres puedan participar activamente en las decisiones que afectan sus comunidades.
Desde las redes que conectan a mujeres de distintos países hasta las iniciativas que recuperan el valor de una bicicleta, un cultivo de flores o un conocimiento tradicional, cada experiencia nos recuerda que existen muchas maneras de contribuir al cuidado de la vida.
También nos invita a mirar críticamente los modelos de desarrollo que invisibilizan el trabajo de las mujeres, ignoran las particularidades territoriales o confunden el crecimiento con la sostenibilidad.
Si queremos construir economías más justas, necesitamos reconocer que los cuidados, la naturaleza y las relaciones comunitarias no son elementos secundarios del desarrollo. Son parte de aquello que lo hace posible.
Por eso, fortalecer los emprendimientos sostenibles liderados por mujeres implica también fortalecer sus redes, facilitar el acceso a recursos, promover políticas públicas inclusivas y distribuir de manera más justa las responsabilidades y los beneficios.
Desde la Red Mujeres y Sostenibilidad, seguimos apostando por esos espacios de encuentro en los que las experiencias se convierten en aprendizajes, las ideas encuentran compañía y las iniciativas pueden crecer a partir de la colaboración.
Porque cuando una mujer encuentra apoyo para desarrollar su proyecto, no solamente se abre una oportunidad individual. También pueden fortalecerse su comunidad, sus redes y el territorio que habita.
Herramientas para continuar el trabajo conjunto
La red Mujeres y Sostenibilidad, en especial nuestro sitio web, ofrece herramientas para que continuemos nuestra colaboración y diálogo.
Así, también te invitamos a abrir tu perfil aquí dónde podrás conectarte con otras mujeres de la comunidad, crear contenido, chatear con otras mujeres, profundizar conversaciones, co-crear y participar en nuestros eventos. Te invitamos a liderar y crear tus propios eventos, nosotras te apoyamos y ayudamos en el proceso. Esta red es de todas y para todas.




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